Viajes

Trekking en el Cajón del Maipo

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Tras los dos días que pasamos en Maitencillo y Valparaíso, Richard nos tenía preparada otra buena sorpresa a todos en forma de madrugón y buen trekking a tan sólo dos horas y media de la capital chilena.


El Cajón del Maipo ofrece circuitos múltiples: desde trekkings de un día hasta los de una semana que recorren lagunas y glaciares, incluyendo altitudes de más de 5.000 metros.

Erik -mi amigo cubano que conocí en ésa gran semana de actividades antes de la boda- y yo encabezamos el grupo y llegamos a la Laguna después de unas 2 horas y media de caminata. Comimos nuestro almuerzo y esperamos al resto del grupo. El hecho de tener tan cerca los glaciares y no poder acercarnos más nos tenía mucho más quemados que el Sol chileno, así que decidimos continuar los dos con la marcha mientras el resto del grupo descansaba y comía para luego emprender el camino de vuelta.

Lo pasamos muy haciendo el cabra y aproximándonos a las cuevas que formaba el glaciar sobre la roca. Un par de ríos de estrecho caudal y congeladas aguas se originaban de estas cuevas y el seguir la ascensión se hacía casi imposible debido a la orografía y composición geológica del terreno. Era todo piedra suelta que te hacía recular uno de cada cuatro pasos.

Nos hicimos algunas fotos, tomamos algo de aire y emprendimos la carrera de vuelta. Nos habíamos adentrado una hora más en el parque y ahora teníamos que intentar alcanzar al grupo.

No fue posible aunque bajamos a la carrera y nos perdimos los baños termales -aunque yo no puedo disfrutarlos por motivos de salud- que se encuentran cercanos a la zona.

Tampoco estuvo mal porque nos fuimos con Richard al Refugio Alemán que utilizan para estos eventos y que está totalmente equipado con restaurante, habitaciones, baños, parrilla e incluso tumbonas. Allí nos encargamos de preparar los manjares que nos repondrían a todos un par de horas más tarde: vino chileno, olivas, papas, queso, pinchos de carne y verdura a la brasa y algunas cosas más que no cuento porque me estoy muriendo de hambre al recordarlo.

El viaje de vuelta fue alegre debido al vino, cerveza, cansancio y el saber que nos esperaba una buena noche de marcha por Santiago.

Una vez más Richard nos trató de lujo y pasamos un gran día.

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