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Nochebuena viajando por el Mundo

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Cena de Nochebuena en Siem Reap

La Navidad. El turrón, los polvorones, la lotería, el gordo de rojo y blanco patrocinado por Coca Cola, los Reyes Magos, las míticas cenas de empresa donde siempre hay alguien que se maza hasta las trancas y tiene miedo a lo que se pueda decir de él el lunes y prepara su endeble defensa (“Yo creo que me echaron algo en la bebida”), las cenas familiares donde salen viejos rencores entre cuñados, suegros y yernos. Y los regalitos, lo mejor de todo.

Pero en dos ocasiones no he vivido todo ésto en el paraíso terrenal que es La Terreta, Alicante, mi casa.

Las Navidades del 2003 y 2009 fueron muy diferentes y me pillaron por zonas lejanas del Mundo cargando con mi mochila.

La que recuerdo con más cariño es la del 2003, en Camboya.

Los templos de Angkor Wat en Camboya

Rober, Eva -su novia por aquel entonces y esposa hoy- y yo cruzamos de Bangkok a Siem Reap el día de Nochebuena. Un viaje agotador por carretera y caminos de cabras para poder explorar las famosas ruinas del Imperio Khmer de Angkor Wat.

Al llegar al hotelillo al que nos llevaron, todos llamamos a casa para que nos fueran contando los preparativos para una de las noches más familiares del año. Aparte de añorar a familia y amigos, lo que más duele es cuando tu madre, al otro lado de la línea, va recitando como si nada cosas del tipo: “jamoncito serrano, lomo ibérico, langostinos, paté, chorizo de Guijuelo, caldo de cocido con pelotas… ”. Te quieres morir. No recuerdas la última vez que comiste una de esas cosas.

Los 3 colgamos medio deprimidos y la gente del hotel debió notarlo porque al poco llegaron para decirnos que nos invitaban a una cena informal que tenían los empleados. Sólo éramos 4 turistas alojados y todos fuimos.

Pusieron una manta en la entrada al hotel y nos sentamos todos en el suelo. Seríamos 15 o así. Algunos hablaban inglés pero otros se limitaban a sonreir y ofrecernos cerveza, platos de pescado con especias y arroz, mucho arroz. La gente era muy simpática y, después de comer y beber, algunos nos invitaron a llevarnos en moto a una disco cercana donde -decían con orgullo- ponían música de Enrique Iglesias.

Los 3 pasamos porque el pedal que llevaba la moto era mil veces menor al que llevaban los que querían llevarnos. El ruso -el otro turista- decidió irse y a la mañana siguiente seguía vivo y decía que lo había pasado muy bien.

Buenos Aires

Video: DISNEYLAND PARIS en NAVIDAD. GUÍA DE VIAJE con CONSEJOS. Inma Bas (Junio 2022).

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