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Visita a Georgetown en Penang

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Los cañones del Fuerte Cornwallis


La zona está tomada por complejos hoteleros, la arena no es nada del otro mundo y el agua -en la que suelen abundar las medusas- tampoco.

Ya que habíamos hecho el viaje al menos nos dimos un baño rápido y comimos algo antes de tomar el bus de vuelta.

La noche la aprovechamos mucho mejor y nos dimos una vuelta por el centro histórico donde todos los edificios estaban iluminados y el paseo marítimo que lleva al Fuerte Cornwallis rebosaba de vida local a las 12 de la noche. Puestos de helados, de juguetes y comida china eran testigos de flirteos entre jóvenes, carreras de niños y partidas de ajedrez de adultos.

El segundo día cometí el error de ir a ver el Museo de la Segunda Guerra Mundial. Lo reconozco, soy un friki del tema y pensé que estaría bien la visita. Después de más de una hora de autobús de línea -está en el lado sur de la isla y Georgetown en el norte- llegamos al museo que era más un tinglado montado al aire libre, tipo parque temático donde lo más emocionante parecía ser el juego de guerra con balas de pintura al que dedicaban toda su publicidad. Como el tema era para grupos y la entrada salía por dos noches de alojamiento -y no había ni pájaros en el recinto- agaché las orejas, cogimos el bus de vuelta y agradecí la paciencia estoica de Tatiana, que no me recriminó nada en ningún momento.

Al regresar al centro pudimos pasearnos por toda la zona histórica de día y entramos al Museo municipal de la ciudad. Éste sí que vale la pena y la entrada tiene un precio casi simbólico.

Del museo fuimos al Fuerte Cornwallis aunque la visita no valió demasiado la pena. El interior está bastante desierto y tan sólo pudimos admirar un famoso cañón inglés del siglo XVIII, otros cañones posteriores, un antiguo depósito de pólvora totalmente vacío y unas salas de lectura didáctica y donde se muestran algunos de los objetos encontrados en las excavaciones arqueológicas. Eso sí, el portero era un tío supersimpático que nos comentó que el sábado siguiente se celebraba una fiesta religiosa hindú en el recinto y era una noche de puertas abiertas con baile y cena gratis para todo el mundo que quisiera asistir. No acertamos con las fechas por un pelo.

Una de las visitas que se nos quedó pendiente -maldito museo de la Segunda Guerra Mundial- fue el Parque Natural de Taman Negara -al Oeste de la ciudad- que nos recomendaron varias personas a posteriori.

En cuanto al resto de la ciudad, merece la pena pasearse por Chinatown -rebosante de vida, como casi todos los barrios chinos que he visto en tantas ciudades- o perderse en uno de los grandes centros comerciales del centro de la ciudad.

Nosotros añadimos el plus de pasarnos una tarde de cine y vimos la película de dibujos animados de Río como unos campeones. En los inviernos de Dublín el cine era un fijo de todas las semanas así que nos sentimos un poco como en casa. De vez en cuando, se agradece un paréntesis cotidiano en un viaje por tierras tan diferentes.

Sin duda una ciudad con muchísima historia que no debéis perderos si venís a Malasia.

Video: Día 60. Visita a Georgetown, Penang (Abril 2020).

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